Villa Lugano · Buenos Aires, Argentina
La historia de los
Caporales de Lugano
Migración, devoción, amistad y baile: a 50 años de su formación, la crónica del primer grupo de caporales de la Argentina, contada a través de sus fotografías de archivo.
Los Caporales de Lugano son el primer grupo de baile de caporales que existió en Buenos Aires y en la Argentina. Surgieron en Villa Lugano a fines de los años 70, dentro de la comunidad boliviana del sur de la ciudad, como evolución de un grupo de Kullawada que había nacido para acompañar una fiesta religiosa: la del Señor de Laguna.
No fueron solo un grupo de baile. Alrededor de ellos se organizó una red de familias, padrinos, músicos y costureras que sostuvo la celebración durante más de una década, en un contexto marcado por la dictadura militar, los desalojos de villas y la dispersión de miles de familias bolivianas hacia el conurbano.
Villa Lugano, en el sur de la Ciudad de Buenos Aires
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Una comunidad que se reconstruye en el sur porteño
La historia de los Caporales de Lugano se inscribe en la experiencia de la comunidad boliviana del sur de la ciudad de Buenos Aires, especialmente en Villa Lugano, Soldati, Retiro y otros barrios cercanos. Es una historia atravesada por la migración, la precariedad habitacional y los desalojos impulsados durante la última dictadura militar, pero también por la reconstrucción comunitaria, la religiosidad, la amistad y la transmisión de prácticas culturales entre generaciones.

La fiesta del Señor de Laguna, el punto de partida
Todo empieza con una imagen religiosa. A fines de la década de 1960, el matrimonio formado por Ernesto Lafuente y María de Lafuente trajo desde Bolivia la imagen del Señor de Laguna —también llamado Tata Laguna— y la instaló en Villa Lugano. Como custodios de la imagen, organizaron las primeras celebraciones en la Parroquia María Madre de la Esperanza, cada 14 de septiembre, coincidiendo con la Exaltación de la Cruz.

Misa, música, comida y baile
La fiesta tenía una estructura que se repitió durante años: misa, baile, comida y encuentro familiar. Los bailarines participaban de la misa y después se trasladaban bailando hasta la casa de los pasantes —la familia anfitriona de ese año—, donde continuaba la celebración. Sostener la fiesta implicaba un esfuerzo económico y comunitario real: los pasantes ponían la casa, la comida, la bebida y el espacio de ensayo.
Con el tiempo, esa obligación religiosa se convirtió en algo más: el punto de encuentro de las familias bolivianas de Lugano y de sus hijos, nacidos o criados ya en la Argentina.


De la Kullawada al Caporal: la familia Zambrana
En 1976, los pasantes de la fiesta fueron Teófilo Zambrana y Julia Orellana de Zambrana, que ocuparían ese rol durante tres años consecutivos. Fueron ellos quienes tuvieron la iniciativa de formar el primer grupo de Kullawada de Villa Lugano.
Julia —“doña Julia” para el barrio— tenía un kiosco en su casa de la calle Miralla y conocía a buena parte de las familias de la zona. Esa red de vecindad fue la que le permitió convocar a los jóvenes que formarían el grupo, con la colaboración de su comadre, Juana Goitia de Coca. La idea no era armar una actividad artística aislada, sino reproducir en Buenos Aires una forma de celebrar que ya existía en Bolivia: fe, música y comunidad, todo junto.
Los primeros pasos de baile los enseñó una pareja de jóvenes recién migrados de Bolivia, Hernán Barranco y Beatriz Carvajal, que ya habían participado de festividades similares en su país. Los trajes se armaban a mano, con materiales conseguidos en Buenos Aires y usando como referencia fotos o prendas traídas de Bolivia. La música era interpretada por un grupo que se conformó con parientes y amigos. Los Zambrana, además de pasantes, actuaban como padrinos del grupo: aportaban materiales, dinero y orientación.
En 2026 se cumplen 50 años de la formación de aquel primer grupo en Villa Lugano, Argentina.












La Kullawada no estaba sola
Vale una aclaración para no simplificar la historia: la Kullawada de Lugano no fue el primer grupo de danza boliviana de la ciudad —en Charrúa, zona de Soldati, según testimonios, ya existía un pequeño grupo de Llamerada en torno a la Virgen de Copacabana. Lo que la distinguió fue la gran convocatoria que tuvo entre los jóvenes.
El programa de festejos de la Virgen de Copacabana en Villa Charrúa (octubre de 1978), conservado en el archivo familiar, invita expresamente a la “Gran Fraternidad Juvenil Cullahuada de Lugano” a participar —un testimonio de los vínculos entre ambos grupos.



La familia Coca suma Llamerada y Diablada
El ejemplo de Lugano se contagió rápido. Al año siguiente, la familia Coca impulsó la incorporación de otras danzas —primero la Llamerada y después la Diablada—, y la fiesta del Señor de Laguna empezó a funcionar también como una vidriera de exhibición y competencia amistosa entre las distintas expresiones de la cultura boliviana en la ciudad.







El Caporal gana popularidad
Mientras esto pasaba en Buenos Aires, en Bolivia el caporal crecía en popularidad: se difundía en fiestas religiosas y carnavales, y viajaba con cada persona que cruzaba la frontera. Algunos integrantes de la Kullawada de Lugano viajaban periódicamente a Bolivia y volvían con música, pasos y vestimentas nuevas. En Buenos Aires, mientras tanto, la Kullawada de Lugano seguía bailando cada 14 de septiembre.





14 de septiembre de 1979: el debut de los Caporales de Lugano
La familia Zambrana fue una de las que viajaba periódicamente a Bolivia: en el Carnaval de Oruro de 1979 conoció el caporal. La nueva danza generó tanto interés dentro del grupo que terminó reemplazando a la Kullawada.
El resultado fue el debut, el 14 de septiembre de 1979, del primer grupo de caporales de Buenos Aires y de la Argentina. Una danza aprendida en los carnavales de Oruro se transformaba, en un barrio del sur porteño, en una tradición nueva que llevaría por nombre “Caporales de Lugano”.





Una danza en medio de la dictadura y los desalojos
La transformación del grupo no ocurrió en el vacío. La dictadura militar iniciada en 1976 impulsó una política sistemática de erradicación de villas, y de cara al Mundial de Fútbol de 1978 se aceleraron los desalojos en la ciudad de Buenos Aires: las autoridades buscaban ocultar la pobreza urbana y reorganizar el espacio con nuevas autopistas, empujando a sus habitantes hacia la periferia.
Muchas familias bolivianas de Villa Lugano vivieron ese desplazamiento en carne propia. Algunas se mudaron —por su cuenta o forzadas— a La Matanza, Laferrere, Isidro Casanova, Ituzaingó o Escobar; otras se dispersaron por distintos barrios porteños. Lo que no se rompió fue la red comunitaria: comercios, iglesias, casas particulares y clubes siguieron sosteniendo el vínculo entre las familias.

El almacén de doña Julia
En ese contexto, bailar dejó de ser solo una expresión artística. Los ensayos, las fiestas y los viajes se convirtieron en una forma de conservar relaciones que el desalojo y la dispersión amenazaban con cortar. El almacén y la casa de doña Julia funcionaron como uno de esos puntos de encuentro: ahí se armaban los ensayos, se cosían los trajes y se tomaban las decisiones del grupo.

Padrinos y pasantes: quién sostenía la fiesta
La continuidad del grupo dependió, en gran parte, de una cadena de padrinazgos que se fue renovando con los años:
- Teófilo Zambrana y Julia de Zambrana — los primeros, durante unos tres años.
- Mario González y Clara de González
- Juan Flores y Damiana de Flores
- Agapito Moscoso Acuña y Marta de Moscoso
Ser padrino no era un título honorífico. Implicaba poner comida y bebida, prestar un lugar para que los bailarines se cambiaran, colaborar con los trajes, financiar parte de las actividades y acompañar a los jóvenes cuando viajaban a otras fiestas.
Una nota de la revista Ajmay (marzo–abril de 1983), “Unidos para bailar”, registró en su momento esta misma cadena de padrinazgos y el trabajo de las familias detrás de cada fiesta.





Los pasos, la dirección y la coreografía
En los ensayos, los pasos se construían de manera colectiva. Algunos eran aportados por jóvenes que habían bailado en Bolivia, como Hernán y Beatriz; otros surgían de la improvisación de los propios integrantes. Entre los pasos recordados aparecen “el chucuchú”, “la moneda”, “el látigo” y “el borracho”.
La dirección masculina estuvo inicialmente en manos de Jorge Zambrana, conocido como “el Polaco”, y luego fue asumida por Juan Carrazana, apodado “Juan Otita”. Entre las mujeres dirigieron Haydeé Zambrana y, posteriormente, Patricia Mauriel. La organización coreográfica mantenía una división relativamente clara —las mujeres bailaban en un bloque propio y los varones en otro—, sin que esto impidiera la colaboración entre todos los integrantes.







Los primeros bailarines de Caporales de Lugano
Estos son los nombres que se conservan de la primera formación del grupo:
Ver los 39 nombres
Bailarinas
- Haydeé Zambrana
- Sandra Acuña
- Patricia Mauriel
- Yolanda Martínez
- Adriana Coca
- Ana Valverde
- Roxana Fernández
- Sandra Santos
- Eva Santos
- Norma B. Pacheco
- Karina Molina
- María Molina
- Nancy V. Zaborda
- Teresa Alba
- Delia Jain
- Flabia Flores
- Alejandra Molina
- Martha García
Bailarines
- Hernán Barranco y su hijo “Hernancito”
- Jorge Zambrana
- Walter Rivero
- Juan C. Alba
- José A. Rojas
- Juan E. Maideana
- Ruffo Ledesma
- Eusebio Guerra
- Walter V. Durán
- Mario I. Flores
- Alejandro Villarroel
- Juan Carrazana
- Aníbal Molina
- Luis Molina
- Marcelo Chancalay
- Rubén M. Flores
- José Meneses
- Gilberto Céspedes
- Juan F. López
- Roberto Rivero
- Francisco Chinchilla

Los Chiquibum: la música en vivo
Los Caporales de Lugano continuaron con aquel grupo folclórico que los acompañaba desde la época de la Kullawada y le pusieron nombre: Los Chiquibum. Tocaban la guitarra Daniel Rivas y Hernán Barranco; el bombo, Colacho y Ariel; la quena, Rubén; y el charango, Jorge Chungara y Ramón Copa, entre otros músicos. También participó Freddy, integrante de Los Payas de La Paz.
Los Chiquibum llegaron a grabar un long play —Caporales de Lugano— y al menos dos casetes, que se usaban tanto en los ensayos como en las presentaciones. Esa música propia le dio al grupo una identidad particular y estrechó el vínculo entre bailarines y músicos. La banda siguió tocando hasta fines de los años 80. Una de esas grabaciones suena, justamente, en el reproductor de esta página.










Giras por Jujuy, Córdoba, Río Negro y Bariloche
Los Caporales de Lugano bailaron en celebraciones religiosas de la comunidad boliviana en Capital Federal y en distintas localidades del conurbano, y también viajaron a otras provincias: Jujuy en 1981, y después Córdoba y Río Negro. En Bariloche participaron tres años consecutivos de la Fiesta Latinoamericana de Danzas Folclóricas, en el club Los Bomberos.























Más que danza: el fútbol y el Liderbol
La identidad del grupo no se agotaba en el escenario. Sus integrantes también armaron un equipo de fútbol, primero vinculado a Unificados de Potosí y después a San José, que jugaba en canchas de Sacachispas, Zabaleta y alrededores del Autódromo. Ganaron cinco campeonatos de la Liga Boliviana de Fútbol (Liderbol). Danza, fútbol, música y amistad se combinaron para sostener una identidad colectiva que iba más allá de la fiesta religiosa que le había dado origen.

Integración y reconocimiento
La presencia de los Caporales de Lugano contribuyó a difundir las danzas bolivianas entre públicos más amplios, incluidos argentinos sin ascendencia boliviana. La danza funcionó así como una forma de expresión cultural, pero también como una herramienta de integración, reconocimiento y afirmación identitaria.

El grupo se transforma y se multiplica
Desde mediados de los años 80, el grupo empezó a transformarse: algunos integrantes dejaron de bailar por matrimonio, mudanza o nuevas responsabilidades; otros se sumaron. El caporal, mientras tanto, viajó con quienes migraron a otras provincias: Walter Durán lo llevó a la provincia de Salta en 1984 y Luis Valverde a Córdoba en 1986.





El legado: nuevos grupos y Caporales Proyección Lugano
El nombre “Caporales de Lugano” sobrevivió a todos estos cambios y se multiplicó en nuevos grupos, dentro y fuera de Villa Lugano, que conservaron la referencia a Lugano hasta hoy como forma de reivindicar un origen común. En 1996, los hijos de Jorge y Haydeé Zambrana formaron Caporales Proyección Lugano para darle continuidad a la historia familiar.

El reencuentro de los 50 años
Cincuenta años después de aquel primer grupo de Kullawada armado en el kiosco de doña Julia, los Caporales de Lugano y sus grupos herederos siguen bailando cada 14 de septiembre. Las caras cambiaron, los barrios se multiplicaron, pero la fiesta —y la razón que le dio origen— sigue en pie.



















































































































































El 14 de septiembre de 2026, en la fiesta anual del Señor de Laguna, un cartel con guardas de fileteado y los colores de Bolivia anunció los cincuenta años de los Auténticos Caporales de Lugano: “En devoción al Señor de Laguna, 1976—2026”. Bajo esa misma bandera se reencontraron generaciones enteras de la comunidad —fundadores, bailarines, padrinos, hijos y nietos—, muchos con camisetas conmemorativas bordadas para la ocasión.
Fue, otra vez, la misma escena que sostuvo esta historia durante medio siglo: mesas compartidas, banderas argentina y boliviana lado a lado, y una nueva generación —como la nena de la foto, vestida de pollera— sumándose a una fiesta que ya lleva cincuenta años.
Una identidad tejida entre generaciones
Detrás de la danza hay una historia más amplia: la de una comunidad que usó la fiesta, la música y el baile para sostener sus vínculos frente a los desalojos y las mudanzas forzadas, y para afirmar su identidad en un país que no siempre la reconocía.
No fueron solamente jóvenes que aprendieron una danza. Fueron hijos e hijas de familias que intentaron reproducir una fiesta conocida en Bolivia; madres que convocaron vecinos; padrinos que sostuvieron económicamente la celebración; músicos que crearon un repertorio; costureras que bordaron lentejuelas; amigos que construían las coreografías; bailarines que compitieron en escenarios y canchas; familias que atravesaron desalojos y mudanzas.
Todo esta historia lo condensan hoy los Auténticos Caporales de Lugano.

Glosario
- Caporal
- Danza boliviana de origen relativamente reciente (siglo XX), asociada a la figura del capataz de las haciendas coloniales. Se popularizó en Bolivia durante los años 70 y se convirtió en una de las danzas folclóricas más difundidas del país y de su diáspora.
- Kullawada
- Danza boliviana que representa a los tejedores. Fue el primer género que bailó el grupo de Lugano, antes de adoptar el caporal en 1979.
- Pasante
- Familia o matrimonio que asume, por un año, la organización y el costo de la fiesta religiosa.
- Padrino / madrina
- Figura que sostiene económica y organizativamente al grupo de baile, más allá de la fiesta puntual.
- Tata Laguna / Señor de Laguna
- Imagen religiosa central de la fiesta que dio origen a esta historia, celebrada cada 14 de septiembre.
Lo que más se pregunta sobre los Caporales de Lugano
¿Cuál fue el primer grupo de caporales de Argentina?
Los Caporales de Lugano, que debutaron el 14 de septiembre de 1979 en Villa Lugano, Buenos Aires.
¿De dónde salieron los Caporales de Lugano?
De un grupo de Kullawada formado en 1976 por la familia Zambrana para la fiesta del Señor de Laguna (Tata Laguna), que en 1979 reemplazó esa danza por el caporal.
¿Por qué se llaman “de Lugano”?
Porque nacieron en Villa Lugano, en el sur de la ciudad de Buenos Aires, dentro de la comunidad boliviana del barrio.
¿Qué relación tuvo la dictadura con esta historia?
La dictadura militar iniciada en 1976 impulsó desalojos de villas —acelerados de cara al Mundial 1978— que dispersaron a muchas familias bolivianas de Lugano hacia el conurbano. El grupo de baile funcionó como una forma de mantener esos vínculos comunitarios pese a la dispersión.
¿Sigue existiendo el grupo hoy?
El nombre “Caporales de Lugano” se mantuvo y dio origen a nuevos grupos, entre ellos Caporales Proyección Lugano, fundado en 1996 por los hijos de Jorge y Haydeé Zambrana.
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Caporales
de Lugano
Villa Lugano
50
Años de
Existencia
En devoción al
Señor de Laguna
1976 — 2026
